«El Gobierno de Chihuahua habría seguido la estrategia de seguridad que los gringos quieren imponerle a México: la videovigilancia».
El domingo pasado sucedieron por lo menos tres eventos que tensan las relaciones entre México y Estados Unidos en vísperas de la revisión del tratado comercial. La primera es gravísima: cuatro agentes de la CIA mueren en un presunto accidente en Chihuahua después de desmantelar un laboratorio de metanfetaminas cristal en la sierra. Llevan uniformes de la Agencia Estatal de Investigación de ese estado. Si no hubieran muerto, no se destapa la violación de la Ley de Seguridad Nacional que exige que el personal de las agencias gringas tenga que pedir permisos a la Federación para acciones de entrenamiento o colaboración. Sin embargo, la Gobernadora Maru Campos los autorizó sin tener atribuciones para ello y ahí andaban los agentes de la CIA por las carreteras del país como si fuera un capítulo de Breaking Bad, disfrazados de policías mexicanos.
Dos de los nombres de los agentes muertos de la CIA fueron revelados: Richard Leiter Johnston y John Dudley Black con sede en una oficina ilegal del espionaje gringo en Monterrey. La cadena Fox News de inmediato desmintió el “accidente” en una cañada de la sierra y acusó de homicidio, lo que traería como consecuencia que fuera utilizado para justificar, si no una intervención militar, sí una mayor presión sobre el Gobierno mexicano en vísperas de la renegociación del T-MEC. Maru Campos quiso ocultar la violación a la Ley diciendo que estaban entrenando a los policías chihuahuenses en manejo de drones. Pero salió mal su táctica de humo y pronto tuvo que enfrentar una crítica a su actuación irresponsable e ilegal.
El Gobierno de Chihuahua habría seguido la estrategia de seguridad que los gringos quieren imponerle a México: la videovigilancia. En lugar de gastar en programas sociales y orientación sobre las drogas entre los jóvenes, Maru Campos se gastó casi cinco mil millones en un solo contrato con Seguritech. Esta empresa fue contratada para vigilancia masiva en Guanajuato y Querétaro a cambio de presuntos sobornos a los gobernadores en forma de casas de lujo. En Guanajuato, el Gobierno de Miguel Márquez Márquez en 2012 entregó un contrato por casi tres mil millones a esta empresa del israelita-mexicano, Ariel Piker Schatz. Este empresario creció al amparo del grupo Atlacomulco en el Estado de México de Eruviel Ávila, al igual que aquel Armando Hinojosa al amparo de Enrique Peña Nieto. Recibió sus primeros contratos para el alquiler de cámaras de video vigilancia ayudado por David Korenfeld, de la Comisión Nacional del Agua, Luis Videgaray, y Arturo Peña del Mazo, por ahí de 2016. Miguel Ángel Mancera, en la CdMx, le otorgó el contrato por dos mil millones de unas cámaras que no funcionaban. El escándalo llegó hasta el Congreso local, pero no se logró transparentar porque es un asunto de seguridad. Hay que decir que en esos mismos años, tanto en la CdMx como en el Estado de México se rompieron récords de homicidios, robos, y secuestros.
Pero volvamos a los estados panistas, como el de Maru Campos en Chihuahua. Diego Sinué, también en Guanajuato, entregó un contrato a Seguritech de Ariel Piker Schatz por custro mil 400 millones, presuntamente a cambio de una casa de lujo en Houston, por un millón de dólares que solía ser propiedad del director de marketing de Seguritech, Daniel Esquenazi. La que siguió y actual Gobernadora, Libia Denisse García, le entregó 2017 otros cuatro mil 500 millones. En Querétaro, Mauricio Kuri, le entregó otro contrato por casi cuatro mil millones y lo blindó hasta el 2027. Ahora Maru Campos en Chihuahua, le entrega cinco mil millones más. La idea es que la seguridad no es un resultado del mejoramiento de la vida de la gente, sino de espiarlos para saber si van a cometer delitos. Esa idea es la que hace millonarios a los softwereros como Palantir o Google. Aquí el PRIAN ha hecho mil millonario un a personaje como Ariel Piker Schatz cuyas cámaras ni siquiera funcionan y que, a cambio de contratos, presuntamente regala casitas. El propio encargado de la Seguridad Pública de Chihuahua, Gilberto Loyo, ha dicho que en el piso 18 del edificio de la Torre Centinela en Ciudad Juárez, estará la oficina permanente de la CIA; el FBI, la DEA, y la Guardia Fronteriza, pero de los Estados Unidos. Es decir, Maru Campos no sólo piensa que vigilar es proteger, sino que los gringos lo pueden hacer mejor.
En esta misma lógica se ubica la violación a la soberanía nacional que cometió Maru Campos. ¿Por qué los agentes de la CIA sabrían mejor que los policías estatales subir a la sierra de Chihuahua? Pero, momento. ¿Es la CIA ahora la experta en laboratorios de drogas? ¿Qué no era la DEA? Entonces, ¿qué diablos hacían los agentes de la CIA en una sierra? La CIA espía, ni siquiera tiene atribuciones policiacas en su propio país, porque, para eso está el FBI. Para las drogas se supone que existe la DEA. ¿Entonces, Maru Campos con qué justificación permitió usted violar la soberanía nacional y, con ella, la Constitución de la República? Hay un organismo paramilitar de la CIA que opera acciones encubiertas, las mismas de las que ha vivido el actual Embajador Johnson, y que requieren negación plausible, un artilugio legal, por el cual el Presidente de los Estados Unidos puede ordenar una de estas acciones al Centro de Actividades Especiales (SAC/SOG) teniendo la posibilidad de negar su existencia.
El otro evento sucedió, al día siguiente de lo de la CIA, en la Pirámide de la Luna, en Teotihuacán. Un joven de 27 años llamado Julio César Jasso Ramírez, subió a la Pirámide con un arma y le disparó a 14 personas, matando a una turista canadiense. Después se disparó con una calibre .38. El 20 de abril es el día en que Adolfo Hitler nació en 1889. En 1999, Eric Harris (18 años) y Dylan Klebold (17 años), escogieron esa misma fecha para masacrar a 12 de sus compañeros en la secundaria Columbine, en Colorado. Este muchacho de 27 años aparecía en su fotografía de redes sociales haciendo el saludo nazi y tenía citas de Mussoloni en sus memes. Al momento del ataque, Jasso vestía una playera con la leyenda Natural Selection (Selección Natural), la misma que usó Eric Harris en Columbine, pero intervenida con runas nórdicas la Odal, es decir, la raíz y la Algiz, la defensa, que son usadas por grupos neonazis para simbolizar la pureza de sangre y la herencia aria. En los dispositivos del asesino se hallaron imágenes generadas por Inteligencia Artificial donde Jasso aparecía con uniformes de las SS y otros símbolos del Tercer Reich para asentar que él mismo se veía como «guerrero» fascista que, desde México, se refirió a sus atacados con un acento español, hablando en “vosotros”, que no se utiliza en el español mexicano. En Telegram Jasso se había reivindicado, además de supremacista blanco, como aceleracionista, es decir, los que creen, junto con Elon Musk, que no existen soluciones políticas, sino violentas como las células de un solo hombre, propuestas por James Mason en su libro, Siege, El Cerco. Según esto las acciones violentas de un guerrero solitario pueden desencadenar el finde un sistema, en este caso, el que avisoran los creyentes en la supremacía blanca y su respectiva conspiranoia, de que hay un poder global que está desplazando demográficamente a esos blanquitos tan superiores.
Pero, al contrario de las evidencias, los medios y redes de ultraderecha trataron de vincular al asesino con la 4T diciendo que era producto de la “polarización”, que es un concepto que ellos tienen de estar reducidos en las encuestas más o menos al 15 por ciento contra un 80 por ciento que aprueba a la 4T. O que, no obstante el homenaje que el asesino hizo del acento de España, dijeron que era producto del “indigenismo” de Andrés Manuel. Lo cierto es que este hecho se parece mucho más al asesinato de Charlie Kirk en Utah que a una «mañanera». Escribe Marc Tuters de la Universidad de Ámsterdam: “Éstos ‘nuevos héroes’ viven en una cultura de desesperación convertida en videojuego. Presentados como eventos de ‘puntuación alta’, estos actos se convierten en actuaciones soberanas en un mundo donde el significado se ha derrumbado. No se trataba tanto de comunicar una plataforma política como de asegurar puntos en el marcador subcultural, demostrando fluidez en perjuicio de la coherencia. Son un conjunto de resonancias en memes, transmisiones en vivo y emboscadas retóricas en actos públicos; una política refractada en ‘e-deologías’ en constante cambio, persiguiendo el torbellino del paisaje de los memes. Son un modelo para comprender el estilo político que se maneja aquí: antagonismo estancado, confusión instrumentalizada, violencia convertida en meme”.
Pero lo ambos eventos, el de la CIA en Chihuahua y el del asesino de Teotihuacán, han sido utilizados para tensionar la relación con Estados Unidos. Uno, al asegurar que fue un asesinato perpetrado por narcos contra ciudadanos estadounidenses. El otro, por decir que se trata de un acto que pone en duda la seguridad del turismo en vísperas del Mundial de Futbol. Con la gravedad que los dos eventos tienen como violación de la soberanía nacional autorizada por una Gobernadora y el otro como la psicosis que los discursos de la ultraderecha causan en personas vulnerables con aspiraciones de superioridad, los medios y redes de la ultraderecha los doblan para que signifiquen otra cosa: la impunidad del narcotráfico en México o la inseguridad en sus zonas turísticas. No sé si decirlo más fuerte. Hay medios interesados en tergiversar cosas tan graves para llevar agua a un molino que es enfrentar a Estados Unidos con México. Es decir, se desfiguran dos de las reacciones mexicanas antes esto —expulsar al enemigo que ha invadido nuestras tierras y tomar como algo ajeno, extraño, alienado a un tirador masivo— y desfigurar esas dos reacciones hasta que terminen por ser: necesitamos ayuda del invasor y el asesino es una creación de la “polarización”. Y, en este contexto, el ataque a nuestro negociador en el T-MEC, Marcelo Ebrard, con una historia sobre el hospedaje de su hijo en una Embajada mexicana en Reino Unido.
Pero quizás el punto crucial sea la veneración, la adoración, que la cultura gringa tiene por la violencia. Desde sus cowboys hasta sus soldados, agentes de la CIA o de la DEA, sus series policiacas con vigilantes fuera de la Ley, su defensa de la posesión de armas de alto poder como respeto por la legalidad de la autodefensa, el encantamiento con la estética de la destrucción, su fascinación por la sangre y los crímenes, su empatía por la mafia, los asesinos seriales, los guardianes anónimos y las ejecuciones públicas. La violencia es el hechizo y la maldición de los gringos.
Como decíamos, ante la violencia hay dos reacciones: de expulsión o de extrañamiento. Miedo, indignación, y asco. Pero la cultura gringa con las mil películas sobre asesinos seriales producidas entre 1990 y 2007, inventaron otra: la proximidad con el violentador. Han generado un espectáculo de la herida que ahora es exhibida masivamente en forma de la violencia del perpetrador y de sus huellas en sus víctimas. Lo que nos hechiza es, de pronto, la falta de fronteras entre los motivos y sus consecuencias, entre lo íntimo de la violencia y su consecución en la crueldad pública. Escuchar el audio del asesino de Teotihuacán nos lleva a un desorden de nulo entendimiento.
Hoy, Estados Unidos es para el resto del mundo esa violencia verbal, física, moral puesta a cada segundo en las redes. Es tan atroz su decrepitud que esa misma nación se ha convertido en parte del espectáculo global de la maldición de la violencia. Lo que vemos es al violentador en toda su ridiculez, cómo nos aterra y lo despreciamos al mismo tiempo, cómo quisiéramos que despareciera y, al mismo tiempo, no podemos quitarle la mirada de encima.